Perú en 10 días: diario de viaje

Para ver Perú al completo necesitas un mínimo de cuatro semanas. En 20 días puedes ver todos los imprescindibles, pero no todo el mundo cuenta con tanto tiempo en sus vacaciones. En mi caso, tenía 10 días y tuve que descartar algunos destinos y confiar en que volveré en otra ocasión.

Perú lo tiene absolutamente todo: grandes ciudades, pueblecitos, desierto, montaña, playa y selva. Elegí una ruta con los paisajes más variados. No podía perderme Cuzco y Machupicchu. Sabía que sí o sí quería visitar el Amazonas, y eso me hizo tener que descartar otras zonas. Mi recorrido fue el siguiente: Lima, Ica, Paracas, Cuzco, Valle Sagrado, Machu Picchu y Puerto Maldonado. Si hubiera tenido más días, tengo claro que hubiera añadido Arequipa, Máncora y el Lago Titicaca, aunque este último dicen que es incluso más bonito desde Bolivia y espero verlo desde allí.

A continuación te cuento lo que hice cada día detalladamente. Un diario de viaje con consejos y recomendaciones.

Día 1. Aterrizamos en Lima

Llegamos sobre las 9 de la mañana así que teníamos todo el día para visitar la capital. Antes de ir, mucha gente me había dicho que pasáramos el menor tiempo posible aquí. Sin embargo, y aunque es cierto que Perú tiene sitios impresionantes y quizás Lima llame menos la atención, sí creo que merece la pena conocerlo. Y si no es por su encanto, que sea por su gastronomía. ¡En Lima se come que te mueres!

Si tienes poco tiempo, tienes tres puntos imprescindibles que visitar: Barranco, Miraflores y el Centro histórico. En ese orden. Para dormir: Miraflores, Barranco o San Isidro.

Mi consejo es que comiences el día viendo la Plaza de las Armas: la Catedral de Lima, el Palacio Municipal y el Convento de Santo Domingo. Es una visita rápida aunque alejada de las otras zonas, por lo que mucha gente se lo salta y va directamente a Miraflores y Barranco.

Parque Kennedy, Miraflores

A continuación, visita el barrio de Miraflores. Residencial, lleno de tiendecitas y con muchos de los mejores restaurantes de la ciudad. Empezamos el paseo aprovechando para comprar una tarjeta de datos en una tienda Claro (Av. José Larco 652), la compañía por excelencia del país. Es algo que hago siempre porque me ayuda mucho a la hora de moverme, buscar restaurantes, etc. Unos 10GB de internet con whatsapp ilimitado te costarán 30 soles, menos de 8€. Cerca de la tienda está el Parque Kennedy, un parque con encanto donde verás muchos puestecitos tanto de artesanías y cuadros como de churros con dulce de leche o arepas.

A 15 minutos a pie del Kennedy está el Parque del Amor, un parque inspirado en el Parque Güell de Barcelona, si lo conoces, seguro que te recuerda. En la parte central tiene una escultura que se llama «El Beso» de un escultor, pintor y artesano peruano llamado Victor Delfín y los muros están llenos de frases románticas en español o quechua, o de nombres de parejas.

Desde el Parque del Amor tienes vista al impresionante Malecón Cisneros, lleno de gente haciendo surf o parapente. Las vistas al Pacífico con preciosas. El resto de Miraflores es pasear y pasear, así que lo tienes hecho!

Si comes por Miraflores te recomiendo el ceviche de Punto Azul, dicen que es el mejor de Lima y personalmente, fue el sitio ideal para probar mi primer ceviche peruano! Otros restaurantes recomendados de la zona son PezOn, Madame Tusan (un ‘chifa’, mezcla de chino y peruano) y también es divertido – mejor para cenar – Mercado 28.

Ceviche en Punto Azul

El mejor momento para conocer Barranco es por la tarde-noche. Ve antes de que anochezca para poder apreciar sus colores, sus murales, sus mercadillos improvisados, las pequeñas galerías de arte… Y aprovecha y quédate a cenar y a disfrutar del ambientazo que tiene esta zona, sin duda mi favorita.

Barranco
Barranco

Llegué sobre las 16.00h después de la comida en Miraflores, dimos un largo paseo, paramos a beber unos piscos y cenamos por allí! Dejo por aquí varias recomendaciones de restaurantes, aunque debes fijarte bien porque muchos cierran antes de las 17.00h: Canta Rana, Isolina o una opción más gourmet: Mérito (y su cafetería Demo si vas a la hora de desayunar). Para tomar algo: el Bar Ayahuasca. O, literalmente, cualquier otro.

Barranco

Día 2. De Lima al Oasis de Huacachina

Al día siguiente habíamos reservado un autobús a las 9.00am camino a Ica para visitar el Oasis de Huacachina y sus increíbles dunas. Todos los autobuses del viaje los cogí con la compañía Cruz del Sur.

El trayecto cuesta 15€ y dura unas 4 horas y media dependiendo del bus que cojas y de las paradas que haga. Te deja en la estación de Ica. Dimos un paseo por la zona para conocerlo y nos contaron que era una ciudad en expansión que pretendía ir detrás de Lima. Antes de ir a Huacachina, comimos en El Cordón y la Rosa (muy recomendable!). Al terminar, cogimos un taxi por 5€ hasta el oasis.

En Huacachina no hay grandes hoteles pero recomiendo mucho en el que me alojé: Bananas Adventure Hostel. Lo llaman hostal porque tiene algunas habitaciones con baño compartido, pero las tienen también con baño privado. Las excursiones las reservamos desde el mismo hotel: tanto la de Buggies y sandboard por las dunas, como la de Paracas e Islas Ballesta para el día siguiente.

La excursión de paseo en buggie y sandboard es imprescindible si has llegado hasta Ica. Cuesta 16€ por persona, dura 2 horas y sale sobre las 16.00h. Los grupos son de unas 10 personas. Importante llevar ropa y sobre todo calzado adecuado porque te vas a llenar de arena, y algo para guardar tus objetos personales.

Excursión buggies Huacachina

Nos recogieron en el hotel a las 16.00h y nos llevaron hacia la zona donde están todos los buggies aparcados. Una vez allí, mi consejo es que corras para hacerte con el asiento delantero, tal y como se ve en la foto! El paseo por el desierto es una pasada, ves el sol cayendo, subiendo y bajando las inmensas dunas, hasta llegar a la zona de sandboard.

Una vez allí, tendrás un rato para hacer fotos en las dunas, te dan tu tabla y te explican cómo bajar. Es muy sencillo, pero personalmente sí me dio un poco de miedo. Empiezas bajando una duna más pequeña y las dos siguientes son muy, muy altas! Si una vez allí ves que no te atreves, no te preocupes: puedes intentarlo en una zona alternativa con poca pendiente o volver al buggie.

Al terminar la excursión, el conductor te deja a orillas de una duna que tendrás que trepar, y una vez llegas arriba las vistas son impresionantes. El oasis desde arriba, anocheciendo, con todas las luces, el cielo rosa y los últimos parapentes cayendo. Nos quedamos un buen rato observando el paisaje y disfrutandolo.

Vistas al Oasis al anochecer

Día 3. Islas Ballesta y Reserva nacional de Paracas

A las 6.45h llegó el conductor para empezar la ruta hacia la primera parada: Islas Ballesta. El camino dura una hora aproximadamente y una vez llegamos al puerto de la ciudad, nos llevaron hasta nuestra barca y nos dieron los chalecos salvavidas. Recomiendo el lado izquierdo del bote, que tiene las mejores vistas, así que si puedes: corre a sentarte antes que el resto!

Empieza la excursión por las impresionantes islas donde vimos centenares de aves, leones marinos y pingüinos. Es inimaginable la cantidad de animales que habitan en estas islas, y esto también se debe a que es un área natural protegida por el planeta: no está permitido bajarse en ninguna de ellas, solamente contemplarlas desde un bote.

Una de las paradas más importantes es el Candelabro de Paracas, una figura dibujada de más de 150 metros de alto y 50 de ancho con más de 2500 años de antigüedad. Paramos aquí un rato para que el guía nos contara las teorías que hay sobre el mismo. Reservo esta información para cuando vayáis, ya que algunas seguro que no te las puedes ni imaginar: hay una mezcla entre piratas, incas e incluso extraterrestres. Es un primer paso para imaginarse las Líneas de Nazca.

Entre las innumerables aves que vimos están los pelícanos, los zarcillos, las gaviotas, cormoranes, guanays…Algunas de estas aves producen un material llamado «guano» con sus heces, considerado el mejor fertilizante. Por la cantidad de aves que hay, el de Islas Ballestas es uno de los más importantes. En conclusión: no te asustes con el olor que puedas encontrar en algunas zonas! En mi caso, tuvimos suerte porque la recogida se hace cada 10 años y justo acababan de recogerlo. No quiero imaginarme cómo sería eso justo antes de hacerlo, tras 10 años de heces!

Lobos marinos

Al terminar la excursión, fuimos hacia la Reserva Nacional de Paracas, una zona protegida desde 1975 para conservar el mar, el desierto y la correspondiente flora y fauna de esa zona de Perú. Hay dos formas de visitarla: por tu cuenta, alquilando una moto en Paracas y pagando la entrada a la Reserva, o como hice yo, contratando la excursión. Sobre todo si no tienes mucho tiempo, te recomiendo la excursión, ya que además de toda la historia y los datos que te proporciona el guía, vas a tiro hecho a los puntos más importantes.

Cuando te adentras en la Reserva, solo ves un inmenso desierto. Kilómetros y kilómetros de un color marrón grisaceo que termina en el mar. Al parecer, llueve una vez al año «con suerte». Pero ese desierto tiene en su costa playas preciosas en las que merece la pena bajarse y darse un paseo y, si tienes suerte como me pasó a mi, tumbarte a tomar el sol o incluso bañarte si hablamos de la Playa de la Mina, una de las que tienen el acceso al mar permitido. La sensación de estar en la playa en pleno desierto es una pasada.

Las playas más destacadas son: la citada antes Playa de La Mina, en la que verás mucha más gente ya que como decía está permitido el baño, la playa El Raspón, la Playa Roja o Yumaque. En algunas de ellas está permitido acampar por si tienes días de sobra para disfrutar de la Reserva.

Dentro de la Reserva, comimos en el restaurante que nos aconsejó el guía. Un poco ‘obligados’, pero finalmente no estuvo mal.

Vuelta a Lima

La excursión incluía la vuelta a Ica, pero nosotros nos quedamos en Paracas y cogimos un autobús a Lima – de nuevo con Cruz del Sur – ya que al día siguiente teníamos el vuelo a Cuzco. Una vez en Lima cenamos y tomamos unos piscos – prueba los de maracuyá! – en Mercado 28. Puede que no tenga la mejor gastronomía, pero tiene puestos que están bastante bien, música en directo y está muy animado.

Mercado 28, Miraflores

Día 4. Cuzco

Cogimos el vuelo a Cuzco a primera hora de la mañana para aprovechar a tope. Pasamos el día en Cuzco descubriendo la ciudad, una de las más bonitas que he visto nunca. Te enamora incluso desde el avión, donde las vistas ya empezaron a emocionarnos.

Nos alojamos en el hotel Casa Matara Boutique, el cual recomiendo porque es acogedor, está decorado con mucho gusto, el personal es encantador, y el desayuno está genial. Nada más llegar, nos dieron un té de coca y pusimos rumbo a la primera parada: la Plaza de las Armas, una plaza preciosa, llena de vida, rodeada de restaurantes, de comercios… Y a 5 minutos a pie de nuestro hotel. De camino, compramos caramelos de coca para intentar evitar el mal de altura.

Plaza de Armas de Cuzco
Una llama bebé con su madre

Llegó la hora de comer y teníamos claro que queríamos conocer el restaurante Yaku que tanto nos habían recomendado. Y no es para menos. Tienen un tiradito de trucha (dejamos atrás la corvina para ver todos los platos con trucha!) más que recomendable, un ají de gallena buenísimo y una trucha al horno también de 10! Recuerda que, si es tu primer día en Cuzco, debes evitar beber alcohol y comer menos de lo habitual, ya que las digestiones son más pesadas a causa del mal de altura. De postre, una infusión de coca.

Tiradito de trucha y ají de gallina

Por la tarde, dimos un paseo por el Mercado Central de San Pedro. Es un imprescindible en Cuzco para conocer todas las artesanías, parte de su gastronomía, mucho textil de alpaca, y donde comprar todos los recuerdos y regalos que imagines. Es una zona muy divertida, tanto dentro como fuera, con ambiente y, como en toda la ciudad, mucho color.

Al llegar la noche, estábamos mucho más cansados de lo habitual, seguramente por el mal de altura, así que cenamos pronto y poca cantidad en el restaurante Cicciolina y nos fuimos a dormir temprano.

Día 5. Valle Sagrado y Aguas Calientes

Para recorrer el Valle Sagrado de los Incas cogimos un guía que nos llevó a todos los puntos importantes, ya que están lejos unos de otros y además, es necesario que alguien te cuente su historia. El recorrido fue el siguiente: Chincheros, Salineras de Maras, Moray, y Ollantaytambo. Se nos quedó pendiente Pisac, pero queríamos verlo todo sin prisa y preferimos hacerlo así.

Chincheros

El recorrido empezó a las 8 de la mañana. El guía nos recogió en el hotel y pusimos rumbo a Chincheros, a unos 28km de Cuzco. Antes de llegar, nos comentó si estábamos interesados en ir a un ‘taller’ donde trabajan mujeres que te explican cómo trabajan el textil, cómo conseguir los colores en las prendas por medio de productos naturales, y otros secretos de origen quechua. Además, suelen tener alpacas o llamas dentro. Fue el típico sitio turístico donde luego te sientes obligado a comprar, pero nos resultó muy interesante y personalmente creo que la ‘encerrona’ merece la pena. Dejo algunas fotos.

Una vez terminada la visita, vamos directos a la plaza principal de Chincheros, donde podrás ver su mercado con decenas de mujeres vendiendo textil y artesanías. Son los restos de lo que fue el palacio inca de Túpac Yupanqui. Al parecer, aquí se celebra la feria más importante de todo el Valle Sagrado, donde hay toda clase de alimentos, gran calidad de artesanías y nuevamente, sus textiles de baby alpaca (los más cotizados después de la vicuña) o alpaca.

Además de la plaza principal rodeada por montañas, también verás la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, construída en el siglo XVII. Si quieres visitar su interior, verás altares barrocos y pinturas del periodo colonial. En los alrededores, unas preciosas terrazas a los pies de las montañas.

Chincheros
Chincheros
Salineras de Maras

Después de visitar Chincheros ponemos rumbo a las Salineras de Maras. Esta parada es rápida y no tiene más que apreciar la inmensa extensión de terreno dedicado a estas preciosas salinas. Más de 3.000 ‘piscinas’ de sal natural de unos 5m2 que se mantienen gracias a un manantial subterráneo. Cada pequeña ‘salina’ pertenece a una de las familia que vive en los alrededores, y cuya economía se basa en comercializar esta famosa sal, tal y como lo hacían los incas.

Salineras de Maras
Moray

La siguiente parada fue la zona arqueológica de Moray, un antiguo centro de investigación agrícola donde se experimentaba con el cultivo en tiempos incas. El entorno es impresionante, las inmensas terrazas circulares, las montañas y la vegetación rodeándolo todo. Quizás era la zona en la que menos expectativas puse y me confundí: merece mucho la pena.

Una vez llegas, puedes pasear por toda la zona, tanto por arriba para tener las vistas que ves en la foto, como por abajo, y pasear por todas las terrazas viendo de cerca el lugar donde los incas trabajaban. Recomiendo mucho hacerlo con guía para conocer bien la historia, todas las teorías que nacieron a partir de su descubrimiento, y todo lo que se logró investigando desde aquí.

Moray
Ollantaytambo

Y llegamos a la cuarta y para mi sin duda la parada más bonita del Valle Sagrado: Ollantaytambo, el único lugar habitado que conserva el diseño urbanístico inca. Calles de piedra, arquitectura incaica, templos, plazas coloniales… Y un complejo arqueológico impresionante, en lo alto de Ollantaytambo. Una fortaleza en pleno pueblo a la que se puede subir y observar las mejores vistas y algunos restos que han sobrevivido al paso del tiempo.

Además de la fortaleza, hay que visitar la Plaza de Armas, pasear por sus empedradas calles, ver los conductos de agua incas, el mercado de artesanías…Verás que es un lugar muy orientado al turismo, lleno de restaurantes, hoteles, bares y tiendecitas.

Si paras a comer en Ollantaytambo, el restaurante Apu Verónica está muy bien. Fue aquí donde nos lanzamos, un poco escépticos, a probar la alpaca. Nada especial: una carne similar a un cordero viejo. También probé la chicha morada que me gustó bastante más! Nos recomendaron también Amanto – Cocina Sagrada, pero no tuvimos tiempo!

Aguas Calientes

Al terminar un largo paseo por todo el pueblo, cogimos el tren de Ollantaytambo a Aguas Calientes con Perú Rail. Después de casi 4 horas, en las que por desgracia no pudimos disfrutar el tren panorámico porque era de noche, llegamos a esta curiosa ciudad. No sabría decir si Aguascalientes es bonita o fea. Es única. Tiene un enclave que jamás había visto. La magia de saber que Machupicchu está tan cerca. Un río que atraviesa la ciudad, llena de edificios casi en ruinas, y que la llena de puentes de una orilla a otra. Y un inmenso mercado.

Aguascalientes

Nos alojamos en el Hotel Raíces. No busqué nada especial, era una noche en la que madrugaríamos mucho y no merecía la pena invertir en ello, así que elegimos algo funcional, bien ubicado, y limpio.

Si como yo, llegas la noche antes a Aguascalientes, te recomiendo sacar las entradas, tanto de ida como de vuelta, en cuanto llegues. Puedes hacerlo en la estación de autobús de la Calle Hermanos Ayar, o con la antelación que quieras través de esta página web antes de llegar. No esperes al momento de subir a Machupicchu, ya que se forman colas muy, muy largas.

Día 6. Machu Picchu

Y llegó el día! Uno de los momentos más esperados e importantes de cualquier viaje a Perú. Nos levantamos a las 5.00am con nervios en el estómago, no pudimos ni desayunar y fuimos rápidamente a la estación de autobús. Aun teniendo entrada tuvimos que hacer algo de cola, pero pronto estábamos sentados rumbo a Machupicchu!

El trayecto de subida son apenas 20 minutos por una carretera que sube la montaña. Puedes hacerlo andando pero, en mi opinión personal, no merece la pena el recorrido y tardarás unas 3-4 horas sin unas vistas que merezcan la pena.

Uno de los retos a la hora de planificar el viaje es elegir el circuito de Machu Picchu. Hay varias opciones y te aconsejo mirarlo muy bien antes de elegir, ya que es una decisión importante y cambia mucho la forma de conocer una de las maravillas del mundo (y aunque no las conozco todas, para mi, la más impresionante por el momento). En este post te doy los tips que necesitas para elegir el circuito perfecto.

Machupicchu

Mi elección fue el Circuito 4 + Montaña Waynapicchu. Se trata de un circuito circular en el que ves todos los puntos importantes de la Ciudadela y terminas subiendo la montaña que se ve en todas las postales. Es una subida complicada si, como yo, no haces deporte a menudo. Una hora larga de escaleras, en ocasiones fáciles y en otras… no tanto. Dejo una foto de las vistas para que tú mismo/a juzgues si merece la pena la subida!

Una vez allí, recuerda que no puedes meter nada de comida y que dentro no hay ningún baño! Es importante a la hora de beber mucho previamente, intenta evitarlo!

Vistas a la Ciudadela Inca desde Waynapicchu

Si eres como yo que nada más me sellan el pasaporte al llegar a cualquier país miro corriendo el sello con ilusión, te interesa mucho esto: si vas al Ministerio de Cultura de Aguascalientes y enseñas tu entrada, te lo sellan con el sello de Machupicchu!

Al llegar a Aguascalientes, comimos en Apu Inti Restaurante. Un lomo saltado buenísimo y unos platos de pasta que, en caso de que ya te haya entrado el mono de italiano que sentimos todos los europeos al viajar fuera, son una buena opción! De postre, uno de mis favoritos allí: el pastel tres leches.

Después de comer, cogimos el tren de vuelta a Cuzco. Volvimos al mismo hotel, Casa Matara Boutique, agotados después del madrugón, de la tremenda subida y de los nervios vividos!

Día 7. Cuzco

Después de tantos días sin parar, dedicamos este día a visitar con toda la calma del mundo. A pasear sin rumbo, comprar algunos regalos, comer bien y tomárnoslo con tranquilidad. Visitamos sobre todo el barrio de San Blas, con su preciosa escalinata, su Iglesia y su Mercado.

La siguiente parada fue el Mirador del Cristo Blanco. Una estatua de Cristo de 8 metros de altura, construída en 1945 que se ha convertido en el mirador por excelencia de la ciudad. Cerca está Saqsaywaman, una fortaleza inca rodeada de muros de piedra que no pudimos visitar por tiempo pero que sí nos recomendaron.

Al llegar la tarde, fuimos a Limbus Restobar a tomar unos piscos y disfrutar de unas vistas impresionantes a la ciudad y al mensaje de ‘VIVA EL PERÚ’ que tanto nos gustó. Vimos atardecer de la mejor forma en nuestra última noche en Cuzco.

Para terminar el día, había reservado para cenar en Chicha by Gastón Acurio. Me hacía mucha ilusión conocer uno de los restaurantes del que es el promotor de la gastronomía peruana en todo el mundo. De todas formas, si puedes permitírtelo, lo ideal es conocer Astrid y Gastón, su restaurante más importante.

Día 8. Puerto Maldonado: Llegada y selva nocturna

Desde Cuzco cogimos un vuelo a Puerto Maldonado. Al aterrizar ya sabía que iba a ser muy feliz en esta parte de Perú. Es una zona que tiene algo vibrante, especial. Es cierto que por una parte me daba algo de pena alejarme de la cultura de Perú como tal. Te alejas de la civilización, de los mercados, de los colores… Pero te adentras en la impresionante selva peruana.

Aquí tienes dos opciones dependiendo de cómo quieras vivir la experiencia. Puedes hacer un plan más salvaje, alojarte en cabañas y adentrarte de lleno en la naturaleza. O puedes elegir un hotel con todos los ‘lujos’ que eso te ofrece. Yo opté por la segunda opción y no me arrepiento, elegir alojarme en el Hotel Enai fue una gran decisión e hizo que estos días fueran muy especiales. Lo recomiendo al 100%, es un sitio precioso, con un entorno inigualable a orillas del Río Madre de Dios y con todas las comodidades, sin renunciar a estar en la nada rodeado de naturaleza.

Después de llegar, aclimatarnos, encontrarnos un par de arañas en la habitación y deshacer maletas, fuimos a comer al restaurante del hotel, que es la única opción ya que no hay nada en los alrededores del hotel. La comida está fenomenal, y menos mal porque nos iba a dar tiempo a probar casi toda la carta!

La primera excursión fue la Selva Nocturna. No estaba muy segura de atreverme pero una vez hecho, merece la pena. La excursión empieza a las 18.00h, cuando ya es noche cerrada. Nos recogieron en un bote y nos llevaron hasta un pequeño embarcadero donde nos bajamos con nuestro guía para hacer el recorrido. Es impresionante adentrarte en la selva con linternas, y guiándote solo de los ruidos, en busca de animales. Cualquier crujir de una hoja te pone los pelos de punta!

Durante el recorrido nuestro guía nos contaba historias sobre víboras, jaguares o pumas que habían encontrado por la zona. Por suerte (o no) vimos monos nocturnos, varias tarántulas de tamaños variados, pero ni rastro de algo más peligroso.

Día 9. Puerto Maldonado: Lago Sandoval & Río Madre de Dios

Empezamos el día con la excursión al Lago Sandoval, la más esperada. Nos recogieron en el hotel a las 5:30 de la mañana para ir en barca durante unos 30 minutos hasta llegar a la Reserva Natural Tambopata. Una vez allí tuvimos 1 hora de camino por la selva viendo guacamayos, monos y tarántulas hasta llegar al embarcadero donde cogimos el bote para navegar por el inmenso lago.

Embarcadero del Lago Sandoval
Paseo por el Lago Sandoval

El Lago Sandoval es famoso por su belleza pero también por los caimanes negros, así que durante todo el camino estuvimos buscándoles. Al final, pudimos ver uno pequeñito. El recorrido es precioso, no puedes dejar de observarlo todo. Las enormes palmeras, su vegetación, los sonidos de las aves, su inmensidad… No sé cuántas horas serían suficientes para disfrutarlo del todo!

Caimán negro

Al terminar la excursión, fuimos a comer y descansar al hotel. Por la tarde, cogimos el paseo en Kayak por el Río Madre de Dios. Durante 1 hora y media puedes navegar libremente por el río, aunque siempre tendrás a tu guía aunque sea lejos, vigilando que todo vaya bien.

Estar en un kayak remando tu mismo, a ras del Río Madre de Dios, viendo las burbujitas en el agua e imaginándote cualquier cosa, con el silencio que tiene toda esa zona y que solo lo interrumpen las aves… Fue una experiencia inolvidable. Otra más.

En el camino de vuelta al hotel empezó a atardecer. Dejo algunas fotos que desde luego no hace justicia al momento tan especial que vivimos.

Atardecer en el Río Madre de Dios
Atardecer en el Río Madre de Dios

Día 10. Puerto Maldonado: Tambopata & Vuelta a Lima

La excursión ‘Atardecer en el Río Tambopata‘ fue el final de nuestro viaje por Perú. Y no pudo ser mejor final. Pasamos del Río Madre de Dios al Tambopata en unos 15 minutos. Son ríos muy distintos, sobre todo en el color y la profundidad. Tambopata en época seca puede llegar a tener apenas 1 metro de profundidad en algunas zonas y es mucho más verde, pero fue donde más animales vimos.

Puente de Puerto Maldonado

El caimán blanco es el que más se ve en este río. Tuvimos la suerte de ver uno de unos dos metros, así como una familia de capibaras, osos perezosos colgando de los árboles y, como en cualquier rincón de la selva, decenas de guacamayos y todo tipo de aves.

Caimán blanco en el Río Tambopata
Capibaras en el Río Tambopata

Además del paseo, que ya de por sí es un espectáculo, terminamos la excursión en una playa de río. Según nos contó nuestro guía, los domingos se llena de gente como si de una playa normal con sus domingueros se tratara. Incluso se atreven a bañarse, agitando antes un poco el agua para asustar a los posibles animales. Dimos un paseo sin poder dejar de mirar los alrededores, los reflejos en el agua… Y llegó un día más el atardecer!

Playa en el Lago Tambopata

De vuelta a Lima, con la pena de saber que era el último día en Perú, cenamos todos los platillos típicos que pudimos porque sabíamos que lo echaríamos de menos: conchas a la parmesana, tiradito, ceviche, lomo saltado y causa limeña. Fue la despedida perfecta para uno de los mejores viajes de mi vida. Un país al que espero volver y que me ha marcado para siempre.

Cualquier duda que tengas sobre tu viaje, estoy encantada de ayudarte a organizarlo! Puedes escribirme desde el apartado de Contacto o enviarme un email a tripandtable.tips@gmail.com.

Una respuesta a “Perú en 10 días: diario de viaje”

  1. 😍😍😍

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